(y según recuerdo iba así:)
Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar...
El ingenio de Francia de su boca fluía.
Era llena de gracia como el Avemaría;
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!
Ingenua como el agua, diáfana como el día,
rubia y nevada como Margarita sin par,
al influjo de su alma celeste amanecía...
Era llena de gracia como el Avemaría;
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!
Cierta dulce y amable dignidad la investía,
de no sé qué prestigio, lejano y singular,
más que muchas princesas, princesa parecía.
Era llena de gracia como el Avemaría;
Yo gocé del privilegio de encontrarla en mi vía
dolorosa, por ella tuvo fin mi anhelar.
Y cadencias arcanas halló mi poesía,
Era llena de gracia como el Avemaría;
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!
¡Cuánto, cuánto la quise! ¡Por diez años fue mía;
pero flores tan bellas nunca pueden durar!
Era llena de gracia como el Avemaría,
y a la fuente de gracia de donde procedía,
¡se volvió... como gota que se vuelve a la mar!
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Esta entrada es la primera, de las que espero sean varias, bueno dependiendo de la necesidad de expresión de mi ser.
Este poema lo escuché hace mucho, en una edad de niño romántico (o poeta, quien sabe cuál era exactamente la motivación), de boca de un amigo que aún recuerdo pero que no he vuelto a ver, José Paredes Valencia, durante algún concurso de poesía durante la escuela primaria. El poema me impactó mucho, desde ahí lo recuerdo, y a uno de mis mejores amigos, algún día nuestros rumbos nos volverán a encontrar.. mientras tanto guardo un agradable recuerdo de aquellos años.


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